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Toda obra termina encontrando una forma de organizarse. Algunas lo hacen por géneros, otras por cronología, otras por colecciones.
HIpoTetic encontró la suya en el cuerpo humano.
No porque el cuerpo sea un símbolo de perfección, sino porque es el primer lugar donde aprendemos a existir. Cada órgano cumple una función. Cada rasgo nos vuelve reconocibles. Cada fluido conecta aquello que, de otro modo, permanecería aislado.
Con el tiempo descubrí que mis libros también funcionaban así.
No fue una decisión tomada antes de escribirlos. Fue una conclusión a la que llegué después de convivir con ellos.
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Los órganos son el centro de HIpoTetic.
Representan las obras que han requerido años de trabajo, reescritura y transformación. Son libros que no aparecieron de una idea repentina, sino de una conversación prolongada conmigo mismo.
Por eso cada uno lleva el nombre silencioso de un órgano vital:
Corazón.
Pulmones.
Cerebro.
Y, más adelante, el cuerpo completo.
Cada órgano es interpretado por un artista distinto y mediante una disciplina artística diferente. No porque busque variedad, sino porque ninguna historia importante merece ser vista siempre desde los mismos ojos. Aquí se encuentra esa parte de nosotros que no siempre mostramos a los demás, pero está allí como engranaje que hace funcional todo aquello que somos.
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No todo aquello que nos define mantiene el cuerpo con vida. Hay rasgos que no cumplen una función vital y, sin embargo, son los primeros que reconocemos en un rostro.
Los labios.
Las pestañas.
Las mejillas.
Los lunares.
Los libros de Rasgos nacen de la misma necesidad de escribir, pero ocupan otro lugar dentro de este universo. Son exploraciones, desvíos y conversaciones que existen entre los grandes proyectos. Expresiones de experiencias vividas, encuentros íntimos, viajes inesperados, curiosidad sobre la existencia humana, un hablar con el exterior para reconocernos pertenecientes sin dejar de ser nosotros mismos.
No sostienen el cuerpo.
Le dan identidad.
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Todo cuerpo necesita algo que lo recorra.
Los fluidos son las ideas que no caben en un solo libro.
Algunas requieren una conversación más amplia. Otras necesitan observar un mismo tema desde perspectivas distintas. Por eso aparecen en forma de ciclos.
Finanzas personales y calidad de vida fue el primero.
Vendrán otros:
Manejo del tiempo.
Vocación, trabajo y viajes.
Aprendizaje constante.
Relaciones.
No pertenecen a un género distinto. Pertenecen a otra forma de pensar. Estos libros han nacido como respuesta a aspectos fuera de lo literario, temas discutidos con personas que se han cruzado en mi camino y una que otra supuesta área que he estudiado y en la cual he laborado en algún momento de mi vida.
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No conozco de antemano la anatomía completa de HIpoTetic, así como nadie conoce su cuerpo al 100%.
Cada libro modifica ligeramente el mapa.
Cada nueva pregunta encuentra su lugar.
Cada respuesta termina convirtiéndose, tarde o temprano, en otra pregunta.
Mientras eso siga ocurriendo, este cuerpo seguirá vivo.
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HIpoTetic también nació como un juego de palabras. A primera vista recuerda a la palabra hipotético, porque toda historia comienza con una posibilidad, con una pregunta o con una versión distinta de la realidad. Escribir, al fin y al cabo, consiste muchas veces en explorar aquello que podría ser.
Pero el nombre también puede leerse como Hit Poetic («golpe poético»): la intención de que cada poema, cuento, relato o ensayo deje una huella en quien lo lee. No necesariamente una respuesta, sino una emoción, una idea o una pregunta que permanezca más allá de la última página.
Las mayúsculas no están donde están por accidente. No son un error tipográfico, sino una forma distinta de ordenar las letras para revelar un segundo significado. Igual que este universo literario, HIpoTetic invita a descubrir que las palabras, cuando se observan con atención, casi siempre esconden más de una historia.